Tristes y desilusionados con los grupos políticos que sustentan el poder

“Colombia y Cartagena no es la excepción”…

FOTO WILLIAM Hundelshauseen Carretero

Por: William Hundelshauseen Carretero
Presidente Nacional APIC

Colombia y Cartagena no es la excepción, tienen una larga historia de violencia, pero también una renovada capacidad de resistencia a ella, una de cuyas más notorias manifestaciones en las últimas dos décadas ha sido la creciente ola de corrupción y el mal reparto de los dineros públicos. Rompiendo todos los cánones de los países en conflicto, naciendo con ello la confrontación armada en este país  debido a reclamos públicos de justicia y reparación del daño ocasionado por los protagonistas que se afincaron en Colombia no como una experiencia de la moralidad, sino como factor explícito de denuncia y afirmación de diferencias, ocasionando una respuesta militante a la cotidianidad de la inseguridad y al silencio que se ha querido imponer  por parte de los entes de control, aunque esto no es nuevo del acontecer político-social, sino rasgos simultáneos de una sociedad largamente fracturada, entre la invisibilidad y el reconocimiento del saqueo  que se le ha permitido a la clase política le haga a este país; pero  el pueblo ha comenzado a esclarecer las dimensiones de su propia tragedia. 

Aunque sin duda la mayoría de nuestros compatriotas se sienten habitualmente interpelados por diferentes manifestaciones del conflicto armado, pocos tienen una conciencia clara de sus alcances, de sus impactos y de sus mecanismos de reproducción. Muchos grupos políticos, porque les conviene quieren seguir viendo en la violencia actual en detrimento del reconocimiento de las particularidades de sus actores y sus lógicas específicas, así como de sus víctimas. Su apremiante presencia ha llevado incluso a subestimar los problemas políticos y sociales que subyacen a su origen. Por eso a menudo la solución se piensa en términos simplistas del todo o nada, que se traducen o bien en la pretensión totalitaria de exterminar al adversario, o bien en la ilusión de acabar con la violencia sin cambiar nada en la sociedad. 

La verdad es que con todo esto estamos muy tristes y desilusionados con los grupos políticos que sustentan el poder,  porque en vez de mejorar la situación de las personas que confiaron en ellos para llegar a las diferentes corporaciones públicas, le cercenan de un tajo el  acceso a los derechos fundamentales y los ponen a enfrentar a un Estado y una sociedad podridos, a un sistema macabro en donde sobrevir cuesta mucho, porque debes estar al lado de los corruptos  que tienen los medios para someter a los honestos, revelando la enorme magnitud, ferocidad y degradación de la guerra sucia a la que nos han sometidos y las graves consecuencias e impactos sobre la población como el alza del  IVA, Reforma Tributaria,  obras inconclusas, defalco en todas las instituciones del Estado, coimas, millonarias sumas de dineros que se robaron haciendo toda clase de artimañas y que se le pretende cobrar a las personas que los llevaron a esos puestos colegiados.

Se trata de una guerra difícil de explicar no solo por su carácter prolongado y por los diversos motivos y razones que la asisten, sino por la participación cambiante de múltiples actores legales e ilegales, por su extensión geográfica y por las particularidades que asume en cada región del campo y en las ciudades, así como por su imbricación con las otras violencias que azotan al país. Dadas la dimensión y la complejidad que implican la tarea de esclarecimiento histórico y la comprensión de las causas de la guerra en Colombia, donde no se puede vivir tranquilo, en los últimos días hemos tenido tasas altas de homicidios, situaciones de violencia e intolerancia, atracos, robos, es preocupante pero no quiero crear pánico   todo el  mundo sabe quiénes son las víctimas y eso aumenta la percepción de inseguridad.

Por eso no me cansare de manifestar a la administración local que la única forma para combatir esto es diseñando políticas públicas que prioricen lo social sobre la infraestructura,  ya que el crimen en todas sus modalidades amenaza la estabilidad de las instituciones democráticas y del Estado en sí, plantea el funcionamiento de instituciones gubernamentales que implican coerción en un sistema institucional donde la libertad y los derechos individuales son cuestiones privilegiadas, y exige la cooperación entre diferentes órdenes de gobierno y dependencias en un régimen diseñado para dividir y limitar el ejercicio del poder, debido a la incapacidad del gobierno para enfrentar retos como el crimen organizado que contribuye a la inconformidad de la sociedad respecto de la democracia, por eso estamos. Tristes y desilusionados con los grupos políticos que sustentan el poder  

 

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