La conquista democrática de 1988 fue un fracaso para Cartagena

En términos generales, ciudades como Bogotá, Medellín o Barranquilla pueden demostrar las bondades de esta innovación democrática. Otras como Cali, Cartagena o Manizales presentan un derrotero de altibajos y un alto grado de corrupción

Por: William Hundelshauseen Carretero
Presidente Nacional APIC

El 13 de marzo de 1988 se realizó en Colombia la primera elección popular de alcaldes. Una esperada conquista democrática que en su momento fue anunciada como un gran avance nacional y que propuso a la sociedad una reingeniería política en las regiones. 29 años después, este giro trascendental de la administración pública ofrece un agridulce balance, porque así como los municipios ganaron un segundo aire para su autonomía, también se incentivaron los problemas que hoy siguen dejando una deuda sin cancelar en aspectos de desarrollo y beneficios.

En términos generales, ciudades como Bogotá, Medellín o Barranquilla pueden demostrar las bondades de esta innovación democrática. Otras como Cali, Cartagena o Manizales presentan un derrotero de altibajos y un alto grado de corrupción, profundizando aún más los aciertos y retrocesos en las regiones. Este doble desafío le abrió camino a una nueva cultura política que, en diversas facetas económicas y políticas, sigue mostrando fisuras, aunque ya sea inevitable. Por Cartagena han pasados17 alcaldes desde MANUEL DOMINGO ROJAS hasta el actual SERGIO LONDOÑO ZUREK cinco de ellos fueron detenidos y otro tanto involucrados e investigados en actos de corrupción

En su momento lo que esperaba la comunidad que se renovará  el pensamiento en consecuencia de los cambios lógicos que debería afrontar el hombre como asociado,  esa renovación debía tener firmes fundamentos teóricos, que partiendo del conocimiento y de la interpretación de la historia como elementos de base, tuvieran el firme propósito de que tal cambio produciría  como consecuencia un adelanto, un proceso, una modificación benéfica para toda la comunidad, permitiendo la apertura de nuevos senderos de seguridad social por los cuales podían transitar el ciudadano, con expectativas halagüeñas, y no con la angustiosa idea de estar siendo manipulado, robado, explotado, o vulgarmente utilizado por una maquinaria muy superior a sus fuerzas, enemiga de sus ideales de cambio, que aprovecha sus necesidades primarias y juega con sus esperanzas e ilusiones, colocándolo en un plano de servilismo, de idiota útil, de simple instrumento para el ejercicio de la tiranía disimulada con las ofertas especiales de la demagogia, con promesas vanas, con el manejo de cuotas burocráticas que además de eternas e irrenovables suelen ser ineptas e inmorales.

Cuando nuestro país político, estuvo en la contienda electoral bajo la dirección de verdaderos caudillos, de verdaderos líderes populares, (no los de hoy en día que se la pasan en los bajos de la alcaldía o gobernación esperando qué salga el gobernante de turno para exigirle la cuota de mantenimiento, pero de ellos) cuyo sentido social y conocimiento profundo de los problemas nacionales, regionales y locales, hacia hervir a su interior los ideales de renovación, presentando alternativas de cambio apoyadas en programas serios, estructurados con miras a ayudar a los más desvalidos, con el firme propósito de tratar de cerrar las inmensas brechas sociales que siempre nos han caracterizado y con la esperanza de hacer del nuestro no un Estado Totalitario, sino una verdadera democracia social con firmes raíces igualitarias; la nación vibraba entonces al unísono, aclamando a prohombres como Sergio Arboleda, Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Pumarejo, Tomás Cipriano de Mosquera, Aquileo Parra, Gustavo Rojas Pinilla, Rafael Uribe Uribe, Marceliano Vélez, Enrique Olaya Herrera,  Álvaro Gómez Hurtado, Carlos Pizarro León Gómez, Carlos Galán Sarmiento, entre otros, cuyo deseo más ferviente era el de crear una nación poderosa, firmemente convencida de su riqueza para ponerla al servicio de todos y no de unas cuantas familias como se reparte en esta época.

Con el vacío de liderazgo que dejaron tales caudillos, surgió del más negro y desafortunado período de la historia colombiana y acompañado de odio, sectarismo, violencia y codicia, el más repugnante de todos los personajes nacionales y quizás el más maquiavélico de los hombres: El Cacique Político.

El innoble traficante de sentimientos, de horrísonos sectarismos, de conveniencias personales, familiares y económicas, se siente plenamente realizado actuando como perseguidor de despojos, en medio de las llamas que consumen al país; el formidoloso Cacique, negociante de sueños vanos y de ilusas promesas, es la más clásica representación de las palabras evangélicas de JESUS: “Lobo rapaz vestido de oveja”. La conquista democrática de 1988 fue un fracaso para Cartagena.

 

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