CRÓNICAS DEL DEPARTAMENTO DE CÓRDOBA…Violencia Política y Militar !

El más elemental e importante de los derechos humanos es la vida, sin ella ningún otro derecho es posible. Declaración Universal de los DsHs.

Segunda Entrega – Parte II Violencia Política y Militar

 

Por: Luis E Sánchez Puche
Sociólogo
Nuevo Arco Iris

 El más elemental e importante de los derechos humanos es la vida, sin ella ningún otro derecho es posible. Declaración Universal de los DsHs.

 A Bernabela Riondo Pacheco lideresa indígena de la etnia Zenú, defensora de derechos humanos en su territorio, la asesinaron a los 50 años de edad junto al rezandero de su comunidad Santiago Polo, el 3 de noviembre de 1997,  hecho ocurrido en la vereda Bajo Grande del Resguardo Indígena de San Andrés de Sotavento, actores armados que dijeron pertenecer a la Policía Nacional[1] segaron sus vidas. Desde 1990 hasta la fecha, más de 50 dirigentes de esta etnia han sido asesinados indistintamente por diferentes actores armados.

A Lucindo Domicó Cabrera[2],  un joven dinámico que se desempeñaba como asesor tradicional de los cabildos mayores del Río Verde y Río Sinú perteneciente a la etnia Embera Katíos, lo asesinaron el sábado 25 de abril de 1999 solo había cumplido 30 años. Dos sicarios encapuchados que tumbaron la puerta de su residencia en pleno centro del Municipio de Tierralta, toda apunta que su muerte al igual que la de otros miembros de esta etnia que habita en el Alto Sinú al sur del Departamento de Córdoba fueron ocasionadas por oponerse a la construcción y posterior llenado de la abominable Represa de Urra 1.

Marlin María De la Ossa Quiñónez[3], estudiante de Ciencias Sociales de la Universidad de Córdoba, fue asesinada  la noche del lunes 23 de mayo del 2000 en  el corregimiento Berástegui, a 30 minutos de Montería. Era la segunda estudiante de esa universidad asesinada en una semana y la quinta víctima del centro universitario en  menos de tres meses. En abril del año 1999, apareció un panfleto que se distribuyó en la U de Córdoba, en ella 10 estudiantes aparecieron amenazados  de muerte acusados de subversivos,  un año después 5 de ellos  yacían bajo tierra asesinados por paramilitares que terminaron adueñándose del alma mater de los cordobeses.

Amparados por la impunidad y, alianzas perversas con las fuerzas armadas, el DAS, sectores importantes de la clase política e incluso comunidades de base, en todo el departamento de Córdoba, principalmente su capital Montería, se vivió la violencia del conflicto armado con sus daños colaterales, la cual termino  involucrando a propios y extraños de una u otra manera; impuestos de guerra, detrimento a la infraestructura pública y privada: voladura de torres de conducción de redes eléctricas, puentes, maquinaria, edificaciones, mayorías de fincas, vehículos incinerados, extorsiones, secuestros, desapariciones forzadas, falsos positivos, entre otras operatividades militares legales e ilegales.

El uso de armas no convencionales como la moto sierra, martillos, taladros, cuchillos, machetes, mata gatos[4], fosas de caimanes, perros, ahorcamiento, artefactos explosivos artesanales como las minas antipersonas denominadas “quiebra patas”, o las  Claymore, conocidas como sombrero Chino o sombrero Vietnamita, usadas indiscriminadamente para asesinar, torturar y desmembrar seres humanos, son cientos las víctimas de este tipo de armas no convencionales en el departamento, se dice incluso que algunos fueron amarrados en ambas extremidades en tractores u otros vehículos, incluso en caballos, para ser desmembrados en un acto de barbarie al mejor estilo del circo romano.

El sicariato en moto y el uso de las famosas 4 puertas con vidrios polarizados, fueron  otras formas de operar que sembraron el miedo y el terror en barrios y veredas de la región cordobesa, los asesinatos selectivos, las masacres,  la desaparición forzada, la intimidación, el boleteo, el abuso sexual, el reclutamiento forzado de menores y adultos como cuota familiar o comunitaria, incluso como botín de guerra, fueron parte del tributo obligado de sus gentes al absurdo conflicto armado que hizo de la vida una mercancía desvalorizada.

Sicario en Moto Capturado en Montería-  Foto Meridiano

Fue así como el sicariato utilizado en la guerra sucia en todo el territorio nacional, paso a ser una modalidad de empleo ilegal de hombres y mujeres, principalmente jóvenes que alquilan sus armas al mejor postor, sin importar quien o quienes sean sus víctimas de turno,  niños, niñas, adultos, mujeres embarazadas o  ancianos. Oficio que incluso se ejerce a nombre  del dios de la guerra puesto “Que este odia los cobardes”, como reza en algunas guarniciones militares del país. En el denominado tiempo del post conflicto o implementación de los acuerdos, el terror no termina, los asesinatos se suceden diariamente en todo el departamento.

Paradójicamente muchos cordobeses, siguen añorando la vieja época del para Estado local, impuesto por las autodefensas en cabeza de Mancuso y los Castaños, recuerdos vivos que aún perduran en el lenguaje y obras del paramilitarismo como ocurre con la placa fundacional que encontramos a la entrada del Colegio Liceo Villanueva, la cual 30 años después es un testimonio vivo del paso y presencia del paramilitarismo en ese municipio y todo Córdoba.

Placa Fundacional del Liceo Villanueva

Al preguntar a funcionarios y habitantes del Municipio de Valencia porque se conservaba aun la placa conmemorativa como símbolo del paramilitarismo, nos dijeron; “quien se atreve a ponerle el cascabel al gato”, nadie de aquí, se atreve si quiera a proponer quitar esa placa so pena de muerte.

Por ello trasladamos la pregunta a los ministerios de: Educación, Defensa, Postconflicto, Justicia y Derecho, el Gobiernos Departamental y el mismo Presidente de la República. Puesto que culturalmente esta simbología no solo recrea el imaginario  perverso del terror paramilitar y la violencia guerrillera, sino que retrotrae las alianzas perversas que se dieron con la parapolítica.

Esta pieza de museo como placa conmemorativa de la violencia, debería reposar en el Centro de Memoria Nacional del Conflicto Armado en Bogotá lejos de estas comunidades que tanto lo padecieron y siguen conviviendo con los recuerdos simbólicos.

Dotado de una exótica belleza ecológica, expresada en la fauna y flora de su biodiversidad, en pleno corazón del Nudo del Paramillo, se encuentra ubicada la vereda El Diamante, la cual fue por muchos años, el centro del conflicto armado en el Alto Sinú, en el reinaron efímeramente las guerrilla del EPL, la Farc-Ep y el ELN, los paramilitares de los hermanos Castaño,  el Ejército y la Policía Nacional.

En diciembre de 1998[5], durante 72 horas paramilitares de Castaño Gil Carlos, combatieron en la vereda el Diamante contra el V y 18 frente de las Farc-Ep, las fuentes consultadas indican que hubo entre  11 y 19  bajas, entre ellos, campesinos civiles no armados, 2 menores de edad  una mujer y 5 adultos, sumados a las bajas de la guerrilla y los paramilitares. La obsesión por la vereda tanto de los jefes guerrilleros como de los paramilitares, se debe sin duda a ubicación geográfica de la misma como corredor que uno los departamentos de Antioquia y Córdoba y el golfo de Urabá, frontera con Panamá, donde es posible sacar droga hacia el extranjero e introducir armas y otros elementos por mar y tierra.

Niños, niñas, jóvenes, adultos, hombres, mujeres, ancianos, personas en condición de discapacidad, docentes, estudiantes, sindicalistas, desmovilizados, reinsertados, pastores, curas, monjas, periodistas, comunicadores, emboladores, peluqueros, estilistas, moto taxistas, lancheros, taxistas, motociclistas, ganaderos, médicos, abogados, policías, soldados, guerrilleros, paramilitares, jueces, fiscales, comerciantes, agricultores, campesinos, cuentistas, actores, ordeñadores, lideres, liderezas, concejales, diputados, alcaldes, políticos de derecha, izquierda y centro, militantes de organizaciones sociales, deportivas, juntas comunales, madres y padres de familia, han sido asesinados indistintamente en las peores condiciones que uno se pueda imaginar en las fértiles tierras del Sinú y San Jorge, abonadas con la sangres de sus mejores hijos e hijas sin distingo de credo, etnia o color político.

A “El Gaba” 78, 79, 80, 81… por ejemplo, lo asesinaron el 6 de febrero del 2006, periodista radial, ampliamente conocido y aplaudido por el pueblo raso como  defensor de las causas perdidas, Gustavo Rojas Gabalo, más conocido como “El Gaba”, le quitaron la vida por decir la verdad, al hacer de su programa radial una tribuna de denuncia y defensa comunitaria, su grito vagabundo frente a la desidia de los gobernantes, la fuerza pública y todo el entramado institucional que no solo se  arrodilló, sino que también se en mángualo con los paramilitares,  colocándolas al servicio de un grupo de asesinos vestidos de autodefensas, se fue con el eco de su último suspiro.

A Margarita Gómez Gómez y Mateo Matamala, de 23 años y 26 años respectivamente, estudiantes de biología marina de la Universidad Los Andes de Bogotá, los asesinaron el 10 de enero de 2011 en las playas de San Bernardo del Viento, por la denominada banda de los Urabeños, el hecho ocurre 6 años después de las desmovilización de las AUC en Córdoba, tal como viene sucediendo todos los años de manera sistemática, como si vivir con la violencia fuera el único caldo de cultivo al que tienen derecho los cordobeses.

Margarita y Mateo QEPD – Foto El Universal

A Francisco Agudelo Baza, sicarios en moto lo asesinaron de varios impactos de bala frente a su hijo y demás compañeros del jardín preescolar del Colegio Musilandia de Montería, el pasado 5 de febrero de 2018[6]. Si bien son eminentes los esfuerzos de autoridades locales y nacionales por esclarecer los crímenes, capturar y judicializar  los homicidas,  estamos lejos de lograr los niveles de seguridad y confianza que se requieren para garantizar la convivencia.

A 17 meses de la firma de los acuerdos de paz, el departamento de Córdoba sigue atrapado en los 52 años de violencia del “obsoletos postconflicto”, causa-efectos están manifiestas en su territorio como si la firma de acuerdos con las guerrillas del EPL y la CRS, los paramilitares de las AUC y ahora con las Farc, no pasaran de ser una entelequia macondiana, incapaz de pasar del surrealismo del terror a la realidad mágica de la paz con justicia social.

Como complemento a su desidia, Córdoba se mueve entre drogas, políticos amorales, funcionarios corruptos, ciudadanos dispuestos a vender su alma al “diablo” para obtener ganancias furtivas en detrimento del erario público, la salud física y mental de sus vecinos y gobernados, lo cual será motivo de nuestra tercera y última entrega.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Fuente Redacción el Tiempo 5 de noviembre de 1997. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/

[2] Fuente Redacción el Tiempo 27 de abril de 1999.  http://www.eltiempo.com/archivo/documento/

[3] Fuente redacción el tiempo 24 de mayo del 2000. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1234938

[4] La pistola «TKO» o «matagatos», nombre por el que también se la conoce en Argentina, su país de origen, era una arma monotiro de venta libre. Fuente Google, historia de las armas de fuego.

[5] http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-809517,

[6]Fuente meridiano de córdoba 6 de febrero de 2018.

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