CRÓNICA

Nadie sabe para quién trabaja ¿?

Si Mamá Sara estuviera entre nosotros, estaría satisfecha en comprobar que siempre está actualizada o en boga, y aunque ella se haya ido para los Cielos, esa frase de cajón: “Nadie sabe para quién trabaja” y que ella usaba rutinariamente, cuando se sentía cansada…la expresaba aún más contundentemente  cuando el agotamiento de su trajinado trabajo la invadía y con el que intentaba sostener a sus más de 13 hijos y algunos nietos.

Por: Carolina Herrera

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Si observamos, el área empresarial, el político y todas los demás ámbitos que componen el motor económico de la ciudad y la región que vienen a desarrollar la parte social, se encuentra uno con que precisamente, al indagar “quienes son los dueños del balón” ,  podemos darnos que, hasta tú amigo lector, has trabajado para esos “dueños del balón” sin proponértelo como tampoco desearlo.

Mamá Sara una mujer muy cartagenera de cuerpo sencilla, con piel canela, curtida por el sol, cabellos azabaches, encrespados y largos, con mirada amelada, que cuando clavaba sus ojos en tu humanidad, no podías mentirle, parecía una Psicóloga experta, aplicando la llamada hoy, Ciencia de la Kinesia usada actualmente por nuestro más afamados Psiquiatras y más agudas Organizaciones de Inteligencia, sin olvidarse de la Prosémica que Mamá Sara ya aplicaba. Ella también se comunicaba con su expresiva mirada. Porque gustaba de hablar poco.

Se identificaba entre su familia, vecinos y amigos por su carácter de una “sola pieza” como ella misma lo expresaba y decía muchísimas veces: “no le tengo miedo al mismísimo diablo pero soy temerosa de Dios “. Ella de muy pocos amigos, camelladora y gustadora de la buena música, buena comida, buenas fragancias y en la gastronomía en esto nadie se la ganaba, preparaba platos muy exóticos y caribeños que era una fusión de Culturas paliativas… Comida que le enseñaron sus padres y abuelos. Así que pueden imaginarse la exquisita fusión y mezcla gastronómica si se tiene en cuenta que su abuelo era alemán y su Abuela Mexicana. Que mezcla de razas tenía mi Mamá Abuela Sara!

A Mamá Sara nunca se le vio ir a la Iglesia, como suelen las señoras  sobre todo para épocas especiales como por ejemplo la Semana Santa, Navidad y la llamada “misa de gallo, ella nunca obligó a sus hijos ir a la Iglesia, “que ellos mismos eligieran su propia FE” ese era su estilo, lo que le imprimía más rebeldía a esa personalidad de Mamá Sara pero ella era amante de Dios como ninguna otra. Tenía su estilo de cómo fomentar su Fe  y qué debía hacer para sus momentos con Dios y siempre le observé con rogativas al Cielo en su Recamara o habitación –su sitio preferido- y diseñó desde que estaba adolescente, porque desde que nací lo veía- un Altar que le ocupaba la mitad de su espacio en su Recamara, con grandes velones, cintas rojas, mata de sábila, piedras preciosas y semipreciosas, plantas en pequeñas materitas de hierbabuena, toronjil, ruda, mejorana, orégano  entre otros elementos que para ella, eran muy importante para la sanidad del alma y el cuerpo… y allí se refugiaba por horas para meditar, ese era su Templo  y sin que ella se diera cuenta, mientras yo crecía,  la escuchaba gemir de rodillas ante sus imágenes preferidas: el Señor de los Milagros, La Virgen del Rosario, la virgen de Guadalupe, la Virgen del Socorro, la Virgen María, El Santo Patrono San Judas, Santo Toribio, San Gregorio, María Bernarda, la Virgen del Carmen, las Ánimas Benditas del Purgatorio, entre otros a quienes iluminaba día y noche y colgaba en su Altar hermosos escapularios en oro y plata y se destacaba su gran CRUCIFIJO en madera de casi metro y medio de altura, tallada y que era toda una obra de arte, elaborada por su sobrino cartagenero y gran maestro de la madera tallada, Jesús Villareal Rangel, el mismo que talló a los alados Caballos del Muelle de los Pegasos junto con su amigo artista,Lombana.

Odiaba lloriquear ante alguien, y mucho menos que sus hijos la observaran…estoy segura que se escondía para llorar como una niña desamparada. Mamá Sara jamás pidió un favor por ello aparentaba ser soberbia pero era muy feliz cuando alguien le solicitaba un favor, hasta podía quitarse el pan de su boca para dárselo a otro necesitado y con hambre. Nunca nadie le tocó la puerta para cobrarle, y nunca observé que pidiera favores, a ella le gustaba más dar que recibir, como tampoco le gustaba cobrar… esta actitud  increíble para mí, yo no lo entendía, porque su profesión  era precisamente el de Prestamista y debía cobrar pero hasta para eso tenía estilo y mucha etiqueta, Mamá Sara…y  le iba muy bien porque, también   sus rasgos de “turca, libanesa” la ayudaban. Y con sus frutos construyó cuando yo contaba con 2 años de edad su Casona en el tradicional barrio de clase media, Torices, sector Paseo Bolívar, Calle de Las Carretas, conservada aún como “el refugio de sus hijos y nietos “ Esa casona es algo así como el “templo de Mamá Sara”…

Era tan orgullosa y digna que nunca demostró tener hambre, y no permitía que lo hicieran sus hijos y nietos hasta tal punto que aparentaba tanto que, se inventaba  mercados ficticios llenando grandes bolsas de papeles y luego las sacaba para que los basureros se las llevaran simulando ser deshechos de alimentos “hija para que el vecino chismoso crea que tenemos comida”… así metía “mono” Mama Sara.

Mamá Sara es el “zumo” de un casta desde donde se desprenden no solo el espíritu platónico del Panameño sino igualmente la cultura Europea, teniendo en cuenta que su padre tiene que ver en la creación artística de las Notas musicales del Himno de Panamá y su madre guardaba lazos familiares con la llamada Casa Rafael Núñez por aquello de su fraternidad con Doña Soledad (que no voy a traer ahora a colación) pero ella decía: “hija nadie sabe para quién trabaja”

Pero Mamá Sara seguramente  para que esa tesis “nadie sabe para quién trabaja” y no irse para los cielos sin conocer para quién trabajaba ella, se esforzó un día y con unas pocas monedas lo logró, cuando le dieron precisamente una distinguida familia libanesa-cartagenera a cambio de sus monedas y reliquias, unas joyas en filigrana taridas de Mompox en oro amarillo, rojo y martillado y  rebuscó entre sus adquisiciones de la española madre de ella, una pesada cadena en oro con la efigie de la Virgen del Carmen  y con ese “plante” levantó su negocio. Es que Doña Ana la bisabuela nuestra de hermosísimos ojos azules, de raza española, baja estatura y luenga cabellera gris plata desde que abrió sus ojos  en el país ibérico, arribó con sus familiares en el Sur de Bolívar donde la trajeron sus padres “españoletes” desde muy niña y allí vivió conociendo a su esposo al llegar como desplazada por la violencia Mundial y luego desde Mompox trasladarse con su ya amado panameño Nicasio Rangel nacido en Ahí de ese entonces y más conocido como “el bohemio, pianista y saxofonista” amigo entrañable del  ilustre cartagenero  Rafael Núñez y así llegó esta pareja compuesta por un “culí y una española” para habitar en el barrio legendario y colonial, San Diego, allí nace Mamá Sara en un humilde vecindario o Pasaje de su padre llamado PORTOBELLO en la Calle de los 7 Infantes del Barrio San Diego, recordando y haciendo honor a su Panamá cuando pertenecía a Colombia.

Hoy sabemos que Mamá Sara escogió estar firme por encima del dinero y no el dinero, estuviera por encima de sus ideales. Ella se convirtió en prestamista con su propio dinero, lo que significa: Invertía en el ser humano que no tenía cómo trabajar diariamente y poder subsistir y nunca usó los bancos para guardar su dinero, mejor usaba una gran caja de madera que parecía un viejo baúl con grandes candados. Ella era el alivio de cientos de personas en esta ciudad de “corsarios”.

Por el trabajo de Mamá Sara no se acostaban sin comer muchísimos niños en Cartagena…Ella surtía de dinero a la famosa cocinera “SOCORRO” en la antigua Plaza de Mercado donde hoy funciona Centro de Convenciones Julio Cesar Turbay…esa gastronomía la fomentó Mamá Sara con su dinero, y si ella no prestaba el dinero diariamente por algún motivo de salud, esa FONDA de comida en la Plaza de Mercado se tornaba lúgubre y los rostros se tornaban tristes. Mamá Sara se había enfermado y por ello el dinero no circulaba y se agolpaban a sus puertas rogando por su salud aquellas vendedoras de comida pública. Eso yo lo veía sorprendida en mi ignorancia infantil.

Mama Sara creo, fue la primera PAGADIARIO más popular en el Norte ,Centro y Sur de Bolívar por su manera de vivir la vida con dignidad y buenas costumbres que yo conocí desde que abrí mis ojos a mi existencia ; ella exponía su dinero en las manos de las vendedoras del carbón, del pescado, de los cocos, de los plátanos  traídos de Urabá, de las hojas de tabaco traídas de los Montes de María, de las fritangueras y la rica panadería del Centro del departamento de Bolívar, en las manos igualmente de un gran número de bollos y quesos traídos de Villanueva, Santa Rosa, Arjona y demás…muchas familias se desplazaban hasta Cartagena buscando a Mamá Sara, esa sandiegana que por dignidad y honor propio nunca fue esclava del dinero, sino que hizo del dinero su vasallo para ayudar a los demás para que alimentarán y criaran a sus familias, y ella sabía que no tenía amigos si no admiradores de su dinero y que acercaban a ella con un interés EL DINERO PRESTADO. Por eso cuando muy jocosamente salía a recibirla cuando por las noches llegaba su casa trajinada, su perro o su mascota, saltaba muy alegre al verla llegar  -porque le encantaba sus perros y gatos- ella vociferaba también diciendo: POR LA PLATA BAILA EL PERRO, -frase bandera de ella también- Eso sí, si Ud tenía hambre o padecía una enfermedad, y alguien se la recomendaba, corría para donde Mamá Sara a cualquier hora aunque fuera a media noche que ella estaba dispuesta  y sin demostrar cansancio para ayudar. Si la encontraba degustando su comida y Ud. llegaba con apetito, no titubeaba, se quitaba el pan de su boca y se lo daba a Ud. aunque ella se quedara sin alimentos. Para ella era más placentero DAR QUE RECIBIR.

Mamá Sara estaba convencida que hasta a los animales, el dinero los esclavizaba…Aunque yo no pueda entender hasta ahora que, a pesar de todo el dinero que tenga una persona o familia, esas personas no tienen el llamado “poder” ese que domina y manda hasta  preguntarse como Mamá Sara lo exclamaba día a día : “ uno no sabe mijita, ni para quién trabaja “..!

Carolina Herrera

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