CANGREJO AZUL Y MARÍA MULATA EN AMENAZA CRÍTICA

La Marcha del Amor perdido y el Canto del Amor Moruno de la Maria Mulata,dos rituales naturales que se extinguen por la acción antrópica en Cartgaena de Indias

Por: Luis Enrique Sánchez Puche

Sociólogo – Nuevo Arco Iris

El Acontecer

LA DANZA DEL AMOR PERDIDO

El canto de bullarengue de la María Mulata se extingue en su agonía al lado de la Marcha del Amor perdido de los cangrejos azules, cantos que fueron sinónimo de alegría y paisaje natural de la vieja Cartagena, donde fueron famosas las marchas interminables de los  cangrejos azules en la antigua vía de Mamonal, los barrios de Ceballos, Zapatero, Bosque, San Isidro Alto y  Bajo, Crespo y Marbella entre otros donde  el cangrejo era parte obligada del inventario delos patios; “Recuerdo  como en los patios de  tía Rosiris y de las De Aguas, en la calle Segunda del Mamón del barrio El Bosque, los cangrejos asomaban sus tenazas y su cuerpo regresando asustados a la cueva en busca de seguridad”, también era común   el sobresalto producido por un cangrejo oculto en cualquier lugar de la casa: un rincón, las sabanas de la cama, el baño, la bacinilla  o en la terraza de la casa, culturalmente se había aprendido a convivir con ellos, lo mismo que a servirlos en la mesa.

La Danza del Amor del cangrejo azul fue un ritual disfrutado y degustado a la saciedad por moradores de estos barrios; con sus vidas  contribuían a la canasta familiar de miles de hogares, las delicias gastronómicas que este crustáceo permitía a la cocina criolla lo hacían parte de la dieta alimenticia. Fueron famosos los platos típicos de arroz de cangrejo, cangrejo guisado y “cangrejo a la plancha” de la comadre Eudosía en el Bajo San Isidro y siguen siendo famosos estos mismos platos en las vendedoras de comidas del mercado de  Bazurto, como “La Gorda, la  Flaca y su Vecina”, donde  aún se sirven. Las carretillas  y triciclos que deambulan por el centro amurallado siguen ofreciendo arroz de cangrejo o de jaiba en descomunales ollas y carderos de 10 libras en tiempos de lluvia: los tiempos del cangrejo azul.

Cangrejo-azulFoto Maria Mulata par El Acontecer 21 abril 2016

Monumento al Cangrejo Azul Parque del Cangrejo –  Barrio Crespo. Lo que nos queda. Foto Puche 2015.

La María Mulata tratando de adaptarse al nuevo hábitat de cemento y concreto.Foto Puche 2015

De la familia de los crustáceos el Cangrejo Azul habita en manglares y cuevas costeras se aparea una vez en su vida, dejando un promedio de 7 mil diminutos  huevos que le permiten la conservación de su especie. Sale en época de lluvias  para desarrollar la “Marcha del amor” que le permite aparearse lo que garantiza la sobrevivencia de la especie, marcha que ya Cartagena perdió como parte de su legado cultural.

EL CANTO DE BULLARENGUE

En la década de los 90 se podía disfrutar en abundancia de la algarabía de la María Mulata en los atardeceres cartageneros cuando el reloj biológico del ave mítica marcaba un cuarto para la seis de la tarde, en bandadas volaban raudas a buscar su lecho nocturno, iniciando con ello su ritual del sueño, fenómeno que se convertía en una verdadera lucha a picotazo limpio, aleteo fugaz y canto de bullarengue por el derecho al espacio, cada rama, bejuco, hojarasca o nido del árbol marcado como propio por un ave, se ganaba con virilidad y destreza propia de esta especie.

Su canto alegre se esparcía raudo por la vecindad invitando a propios y extraños a gozar del espectáculo sublime de su natural ritual, cientos de aves de un negro plateado, desplegaban su plumaje elevando su canto al infinito, revoleteando colmaban en un instante su lecho de reposo, ubicándose sin dejar de gritar en su cuarto de hotel para espera la noche. Ritual que se reproducía en cada amanecer  reafirmando su marca al territorio, antes de salir por los vericuetos de la ciudad en busca del sustento diario, para que otras especies incluida la humana, supieran quien era el dueño de ese pedazo del ecosistema urbano.

El  viejo palo de caucho del centro amurallado, los manglares de la bahía de las Animas, el caño Juan Angola, Puerto Duro y de Bazurto,  el árbol de higo de la entrada al barrio las Gaviotas y el higo gigante de la antigua Caja Agraria, se sumaban ala rica flora de ceibas y bongas de la vieja Manga para servir de hábitat esta ave endémica del ecosistema cartagenero, ecosistema que gracias al “desarrollo”, la contaminación y la depredación ha ido desapareciendo sistemáticamente llevándose en su extinción a la emblemática ave y al cangrejo azul, que al no contar con su hábitat disminuyen  su reproducción o simplemente emigran para garantizar la conservación de la especie.  Lo triste de esta historia es que ni la administración de turno, ni las autoridades ambientales, ni los moradores de estos barrios, planearon, ni promueven alternativas ambientales que permitían a estas especies en estado crítico de seguir siendo parte del patrimonio histórico de la ciudad, de su gastronomía y de su cultura.

Nada extingue tanto las especies como la destrucción de su entorno natural, ya que a diferencia de los humanos y de algunas especies en cautiverio que logran adaptarse al nuevo ambiente, la mayoría de especies no sobreviven fuera de su ecosistema, dado que la magia milimétrica de la naturaleza  entreteje cada ecosistema con sabiduría garantizando su equilibrio para que cada microorganismo y especie en fauna y flora que lo conforman garantice su subsistencia. Fenómeno que el desarrollo y la acción antrópica se niegan a comprender o definitivamente no quieren hacerlo, puesto que ni la norma ni la razón protegen la biodiversidad urbana con que la naturaleza nos premia, rompiendo irremediablemente la cadena trófica que la naturaleza creo durante largo proceso.

Hoy la ciudad amurallada comparte su hábitat urbano con las palomas otra hora caseras,  que al igual que en ciudades como Bogotá y Medellín llegaron para quedarse y ser parte del paisaje gracias a su genética que, les permite adaptarse a estos nuevos contexto sin mayores esfuerzos, cosa que no ocurre con la legendaria María Mulata y mucho menos con el afrodisiaco Cangrejo Azul endémicos de este ecosistema costero, tal vez con el tiempo de seguir así, no volveremos a ver esta ave en su ejercicio doméstico en los patios de las casas, ni en las mesas de los comensales,  al igual que el Cangrejo Azul y otras especies, generaciones futuras las conocerán en fotos y esculturas cual Parque Jurásico.

Foto para Crónica Compadre del CangrejoFoto vendedoras de arroz de cangrejo

El arroz de cangrejo azul sobresale en la cocina criolla de la “Gorda la Flaca y su Vecina en el Mercado de Bazurto. Foto Puche 2012

Mientras tanto, en el puesto de comida de la ”Gorda la Flaca y su Vecina”  en el Mercado de Bazurto,  nuevos y antiguos comensales acuden nostálgicos a degustar las ricas viandas allí ofrecidas, algunos  de ellos esperanzados en su  tristeza, esperan que una María Mulata Atrevida suba presurosa su mesa para llevarse de un solo picotazo-cual ladrón callejero- la muela del último cangrejo azul  que alimentara sus crías ante de la extinción total, mientras el anciano en su vejez rebosa de alegría observando en lejanía como la María Mulata Atrevida se aleja llevando en su pico el último eslabón de la cadena trófica  que el ecosistema costero construyo majestuosamente para que humanos convivieran en armonía con el ambiente  que amablemente la madre naturaleza les entrego, sonriente el comensal evoca los tiempos en que el Cangrejo Azul y la María Mulata fueron parte del inventario de su hogar en algún barrio cercano.

Luis E. Sánchez Puche

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